domingo, 6 de julio de 2014

Consejo Nº2 (¡Callate y baila conmigo!)

Consejo Nº2: Disfruta cada momento al máximo 


FERNANDA

Estaba segura de que estaba de todo menos lista. Forcé una sonrisa y lo seguí hasta la sala al final del pasillo. Por unos momentos pensé que se le había olvidado de esto o que tal vez solo tenía cosas mucho más importantes que hacer que tener que darle clases de baile a una chica descoordinada como yo y esa fue la única razón de que no me comiera todas las uñas de mis manos por los nervios esta mañana.
Alex abrió la puerta con una llave y me hizo entrar primero. Jamás había entrado a esta sala y ahora sabía el porqué. Era una especie de sala de danza, del tipo que había visto un montón de veces en las películas cuando ensayaban ballet. A un lado de la sala había grandes espejos en las paredes y vi mi rostro asustado devolverme la mirada. Miré de un lado a otro y mi respiración se comenzó a agitar haciendo que mi pecho se elevara rápidamente.

- ¿Estas bien? - Sentí las manos de Alex posándose en mis hombros, pero no pude mirarlo a los ojos.
Mi voz salió en jadeos cortos – No lo sé, ¿puede ser que sea claustrofóbica? 
- ¿Tienes claustrofobia? 
- ¡No lo sé! – intente explicar cómo me sentía a través de la opresión en mi pecho - Pero siento como si las paredes se cerraran a mi alrededor.
- Está bien, solo haz lo que yo hago – Me instó a mirar su rostro mientras inhalaba profundamente y luego exhalaba lentamente. Hice lo mejor que pude para imitarlo y pronto comencé a sentirme mucho mejor.
Alex suspiró de alivio y me sonrió – Me asustaste por un minuto ¿Nunca te había pasado antes?
- No, pero mi hermano suele tener pequeños episodios de claustrofobia a veces así que estoy un poco familiarizada. Jamás creí que yo también podría sufrir de lo mismo.
Alex se encogió de hombros – No lo sabes hasta que te sucede.
Se dirigió hasta las ventanas y las abrió lo mas que pudo – Tal vez esto ayudé.
Luego fue hasta donde se encontraban unos parlantes y puso una suave música desde su ipod. La música viajo desde los parlantes a mi alocado corazón haciendo que recuperara su ritmo normal.
- Cuando era más pequeño mis padres nos llevaron a mis hermanos y a mí a comer a un restaurant muy exclusivo, se suponía que íbamos a celebrar el nuevo trabajo de mi papá, pero 20 minutos después terminé en la sala de urgencia porque era alérgico a los mariscos y nadie lo sabia hasta ese momento.
Su historia me hizo sentir más en confianza y me di cuenta de que el intentaba hacerme sentir más cómoda para que no volviera a sentirme mal.
- Tus padres debieron estar muy preocupados por ti.
- Lo estaban, pero sobre todo se sintieron culpables por no saber antes que era alérgico y llevarme a ese lugar – Se encogió de hombros y luego se aflojó la corbata del colegio sacándosela por encima de su cabeza – Pero no fue culpa de nadie, ellos no tenían como saberlo y además no me pasó nada grave porque no alcancé a comer tanto. ¿A tu hermano suele darle frecuentemente lo de la claustrofobia?
- No mucho, solo cuando se pone demasiado nervioso.
Se dio la vuelta y vi su rostro por el espejo cuando habló – ¿Estas segura de que estas bien? tal vez podamos dejarlo para mañana.
No, lo último que necesitaba era posponerlo para otro día. No quería tener que seguir pensando en esto. No cuando mis nervios seguramente no me dejarían dormir esta noche. Necesitaba hacerlo ahora. Solo cortar con esto antes de que tuviera un nuevo ataque de ansiedad.
Tragué saliva y me obligué a asentir con la cabeza.
- Estoy bien, no necesitamos posponerlo.
- De acuerdo – Se dio la vuelta para caminar por mi lado hasta su ipod para cambiar la música. La suave música cambió a una totalmente rítmica y me congelé en el lugar – Pero primero tenemos que calentar un poco, los músculos y articulaciones necesitan preparación para empezar a moverse con fluidez. Si no preparas tu cuerpo para bailar, no tendrás a tu disposición toda la capacidad de tu cuerpo para bailar y corres riesgos de lastimarte. Vamos a hacerlo 20 minutos y luego vamos a comenzar con las clases.
Solo lo miré mientras él se daba la vuelta mirándome de arriba abajo pensativamente.
- No puedes hacerlo con eso – Señaló a mi falda plisada cuadrille que debía usar para el colegio y me reí nerviosamente por ni siquiera recordar eso.
- Lo siento, olvidé que tenía que cambiarme.
- No te preocupes, puedes usar los camarines que están detrás de esa puerta.
Señaló a un lado de la sala en donde había una gran puerta y cogí mi bolso para luego dirigirme hacia ella sin mirar hacia atrás. Una vez que entré me senté en las bancas que estaban dispuestas delante de unos pocos casilleros y me quité la camisa del colegio para quedarme con la polera que llevaba debajo. Iba a quedarme con las calzas que solía llevar siempre debajo de la falda, porque era muy cómoda, pero mi vergüenza fue más fuerte así que solo lo cambié por unos pantalones largos apretados.
Antes de salir inhalé profundamente para tranquilizar mis nervios y cuando al fin sentí que estaba un poco más en control, abrí la puerta con cuidado y vi a Alex mirarme por el espejo señalándome con la cabeza para que me pusiera cerca de él.
Comenzó a mover los brazos e inmediatamente comencé a hacer lo mismo que él. Estiró sus brazos y piernas tomándolas con su otra mano y lo seguí en todo momento, pero una pequeña parte de mi se preguntaba cuando íbamos a empezar con las verdaderas clases de baile. Estaba a punto de preguntarle cuando él se giro hacia mí y me quedó mirando.
- Ahora vamos a ver de lo que eres capaz.
Todo mi cuerpo tembló ante sus palabras e hice mi mejor esfuerzo para no mostrar lo aterrada que estaba. La última vez que intenté bailar, mi hermano terminó con los pies hinchados después de que yo lo pisara sin piedad durante todo el tiempo que tuvimos que bailar juntos para la boda del hermano de mi papá.
Alex cambió otra vez la música y me miró por encima de su hombro mientras hablaba.
- Solo sigue mis movimientos lo mejor que puedas.
Asentí y el comenzó a moverse. Yo miraba sus pies mientras se movían profesionalmente sobre el suelo y por unos segundos me sentí casi hipnotizada por el movimiento. Sus hombros se movían de un lado al otro junto con sus caderas e intenté imitarlo lo mejor posible, pero hasta yo me di cuenta de que estaba demasiado rígida y no podía seguir el ritmo apropiadamente.
Estaba tan concentrada intentando seguirlo que me sobresalté cuando sus manos se posaron en mis hombros haciendo que levantara mi mirada hasta él.
- Cuenta en tu cabeza y así podrás seguir el ritmo. 
Asentí nerviosamente y el cambio una mano de mi hombro a un lado de mi cadera.
- 1, 2, 3 – comenzó a contar y mi mente intentó hacer lo mismo pero no sirvió de mucho, estaba igual de tiesa que antes y mis pies no lograban seguir sus pasos. Odiaba ser tan descoordinada y gemí de frustración.
Alex se rió y se apartó de mí dejando caer sus manos de mi hombro y cadera.
- Lo estas haciendo muy bien – Dijo – Solo es tu primera clase y no debes ser tan dura contigo misma. Te aseguro que si te esfuerzas y practicamos todos los días después de clases, dentro de poco vas a estar bailando como una profesional.
Sabía que el solo lo estaba diciendo para hacerme sentir mejor, pero aun así deje que sus palabras me calmaran y asentí – Gracias por ayudarme, te depositaré el dinero en tu cuenta al final de la semana.
- Esta bien, pero no te preocupes demasiado por eso. 

Estaba sentada en el sillón de la sala comiendo un poco de helado y viendo un capitulo nuevo de The Vampire Diaries en la televisión cuando sonó el timbre de la puerta. Dejé el helado en la mesa de centro y  me apresuré a abrir la puerta en mis calcetines blancos sin caerme en el proceso. 
En cuanto abrí la puerta verónica casi se cae encima de mí. Supuse que estaba recostada en la puerta como siempre hacía, pero no pude evitar soltar una risita cuando la vi.
- Tienes que contarme todo. Ya no puedo soportarlo - Se quejó mientras entraba a la casa y yo cerraba la puerta detrás de mí.
Verónica era dos años mayor que yo por lo que casi no la veía en el colegio y no había podido hablar con ella desde hoy en la mañana cuando nos habíamos visto antes de entrar a clases. Sabía que hoy sería mi primera clase de baile con Alex y no había parado de decirme que la llamara luego de que terminaran. Había hecho exactamente eso, pero su celular me envió al buzón de voz cada vez. 
- Te llamé y no respondiste - Le dije mientras iba a la cocina por un buen plato de helado para ella porque le gustaba tanto como a mí. Verónica me siguió e hizo una mueca cuando hablé.
- Estoy castigada. Hoy el director llamó a mis padres y les dijo que no había ido a clases el viernes pasado y mi papá me dejó sin celular ni computador.
Le entregué su plato y juntas caminamos hasta la sala dejándonos caer en los sillones, una frente a la otra.
- Ni siquiera tenía permiso para salir, pero me estaba muriendo por saber de ti, así que le rogué a mi mamá que me dejara venir a verte sin que mi papá supiera. Estoy rompiendo todas las reglas para venir a verte, así que ¡solo escúpelo!
Me reí de su tono urgente y le bajé un poco el volumen a la televisión porque Damon estaba iniciando una pelea con alguien y estaba haciendo un poco de ruido. 
- Estuvo bien hasta que comencé a tener un ataque de claustrofobia.
- ¿Cómo tu hermano? Pero pensé que solo él lo tenía.
- Sip, yo también lo pensé, pero ya ves que no. En fin, no es para tanto. Creo que solo estaba muy nerviosa y eso fue lo que lo causó, pero Alex me ayudó a recuperarme y abrió todas las ventanas para que no me sintiera tan encerrada.
Los ojos castaños de Verónica se agrandaron y una sonrisa se expandió por toda su cara. Verónica y yo habíamos sido amigas desde que me vio un día sentada sola en el comedor y se acercó para comer conmigo. Desde ese día ella me tomo bajo su ala como una gran mamá gallina y creo que es la única persona con la cual puedo ser yo misma sin avergonzarme.
- El es tan guapo – Comentó – No puedo creer que no le gusten las chicas. 
- Sabes que estoy haciendo esto por una sola razón.
Ella suspiró y me dio una mirada cansada – No sé qué ves en ese tipo. Solo es un estúpido arrogante que piensa que todo el mundo gira a su alrededor.
- Sabes que eso no es cierto – Le fruncí el ceño – Si eso fuera verdad no habría hablado conmigo todas esas veces que caminamos juntos de camino a casa.
Verónica negó con la cabeza y suspiró profundamente. Habíamos pasado por esta conversación millones de veces y le había dicho que no importaba lo que dijera porque eso no me iba a hacer cambiar de opinión. 
- Mejor sígueme contando cómo te fue con Alex. ¿Aprendiste algunos pasos?
Hice una mueca y deje mi tazón vacio en la mesa.
- No creo que haya aprendido mucho, ya sabes que soy muy descoordinada. No sé cómo Alex no se rió de mí  cuando me vió intentando mover mis pies.
Verónica se paró de su sillón dejando su helado junto a mi tazón y se sentó junto a mí dándome un fuerte abrazo. Ella sabía lo mucho que me costaba hacer cosas nuevas y lo frustrada que me ponía cuando no podía hacerlo.
- Lo harás bien, solo tienes que confiar un poco más en ti y todo saldrá bien.
Ojala mi mejor amiga tuviera razón.




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#2.5 ¿Solo un beso?

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